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Si en Italia el renacimiento representa una vuelta a los gustos clásicos,
en Aragón y Zaragoza esta corriente artística que se difunde a lo
largo del siglo XVI desarrolla además de las influencias artísticas
italianas la de dos corrientes estilísticas de fuerte raigambre en estas
tierras: las del gótico y mudéjar. La arquitectura nos ofrece claros
exponentes de ambos estilos, como la utilización del ladrillo a cara vista,
las bóvedas estrelladas, motivos decorativos de clara filiación
mudéjar, etc.
La Zaragoza Renacentista es una ciudad en plena expansión y no en vano
su población supera la cifra de las 25.000 almas. La importancia que en
estos momentos cobra la actividad comercial e industrial y al abandono por parte
de la nobleza de sus antiguas residencias, los castillos, para su consiguiente
establecimiento en la capital, es lo que propicia la importante transformación
urbana que tiene lugar en este siglo.
Alrededor de unos 200 palacios y casas nobles se calcula que tuvo la ciudad. Los
palacios presentan unas características generales bien definidas. Su material
de construcción es principalmente el ladrillo, seguido de la piedra y en
menor medida el alabastro y estuco, este último utilizado para realizar
elementos decorativos. Las fachadas son de paramentos lisos y el edificio consta
de tres pisos . El segundo acoge a la planta noble que en el exterior presenta
grandes ventanales rectangulares, en la actualidad convertidos en balcones volados,
y en el interior grandes salones; la última planta presenta una logia de
arquillos coronada con el alero en el remate del edificio. El centro de vida se
sitúa en un patio interior abierto y en torno al cual se encuentran las
estancias y aposentos a las que se accede de manera directa o en el caso de las
plantas superiores mediante una escalera amplia y ricamente decorada. |
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