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La división exterior en pisos no se corresponde con el espacio interior,
que ocupa un gran salón con naves separadas por columnas anilladas y cubierto
por bóvedas estrelladas. El interior, obra de Gil Morlanes hijo, presenta
tres naves de la misma altura apoyadas en sólidas columnas de corte jónico
y cubiertas por bóvedas de crucería estrellada, con florones de
madera tallada en las claves.
En la ornamentación se sigue también el nuevo estilo renacentista,
visible sobre todo en las ventanas y en el friso de la inscripción que
recorre toda la sala. El motivo más repetido es el escudo de la ciudad,
portado por ángeles sobre los capiteles de las columnas y tallado en las
claves de las bóvedas.
En la pared de fondo, un gran arco ciego se cierra
por un friso fechado en 1544 y ostenta el escudo de armas imperial del emperador
Carlos V, sostenido por leones y enmarcado en el Toisón de Oro. Sobre este
salón se encuentra la planta que corresponde al mirador exterior, a la
que se accedía por una escalera de caracol ubicada dentro de una torrecilla
exterior, hoy desaparecida; la función que cumplía era la de almacén
de las armas del municipio.
Hoy, la magnificencia de sus columnas (llamadas "aragonesas" y caracterizadas
por tener un anillo en el fuste, a un tercio de su altitud) y bóvedas acogen
exposiciones municipales. Tras su reciente restauración los colores han
vuelto a los relieves de los medallones exteriores, en los que Gil Morlanes inmortalizó
a personajes de la época.
En una pequeña plaza al abrigo de La Lonja, en su parte posterior, descubrimos
una pequeña estatua que representa un caballo.
Este caballo es el modesto y cariñoso homenaje de la ciudad a la figura
de un fotógrafo que siempre estaba allí.
Con su caballo de cartón piedra, y su rudimentario equipo con el que retrató
a tantos y tantos niños.
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