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Este conjunto de edificaciones representó uno de los focos esenciales del
arte mudéjar aragonés, el estilo más arraigado en nuestra
comunidad. El palacio fue escenario de las suntuosas ceremonias y festejos que
acompañaban a las coronaciones reales celebradas en la Seo.
De las remodelaciones cristianas destaca el Salón del Trono al que se accede
por una monumental escalera que conduce a una galería a través con
un magnífico artesonado bajo el que corre una bellísima tribuna
cortesana. Y la rica solería de cerámica de Muel reflejaba como
un espejo el diseño del techo. El conjunto se completa con una serie de
salas entre las que sobresalen las de los Pasos Perdidos.
En las postrimerías del siglo XV, los Reyes Católicos deciden levantar
un palacio sobre el anterior taifal, que adquiere así un sentido simbólico
como alegoría del poder de estos monarcas sobre el antiguo ocupante. En
esta zona destaca la escalera noble, concebida con gran monumentalidad, dentro
de un estilo que aúna el gótico final con el mudéjar y el
primer renacimiento. El techo se decora con pinturas al temple donde se representan
los emblemas reales rodeados de grotescos y de candelieri.
El palacio fue cuartel militar desde finales del siglo XVI hasta mediados del
siglo XX. La lenta y delicada tarea de restauración que comenzó
en los años 60 se ha prolongado hasta nuestros días, concretamente
hasta el año 1998.
En la actualidad, la Aljafería es la sede de las Cortes de Aragón.
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