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  Historia aumentar/reducir tipo de letra
  Siglo XIX
A comienzos de este siglo Napoleón invade o conquista España reteniendo a sus dirigentes fuera de la nación y obligándoles a abdicar sobre José Bonaparte al que más tarde se le conocería como Pepe "Botella" por una supuesta afición al vino español.
La guerra de Independencia es, sin duda, el periodo de la historia de Aragón que ha motivado la mayor parte de las publicaciones que se han hecho sobre esta región.


 Guerra De Independencia.
Quizás por última vez en el siglo XIX y al margen de un mínimo sector de colaboracionistas, los españoles dejarán sus diferencias y se unirán en un único frente contra el enemigo común, idealizando la imagen de un monarca, Fernando VII, que a todos defraudaría a lo largo de su accidentado reinado.
En Aragón, los voluntarios para acabar con el régimen Francés fueron numerosos, reclutando prácticamente a todos los habitantes útiles para la batalla.
A partir de la sublevación de Zaragoza, el 24 de mayo de 1808, va a recaer sobre esta ciudad el esfuerzo bélico durante el primer año de guerra ya que soporta dos asedios. El primero se formaliza el 15 de junio, tras las sucesivas derrotas aragonesas en Tudela, Mallén y Alagón, y dura hasta el 15 de agosto en que los franceses levantan el campo ante las noticias de la derrota de Bailén. El segundo sitio, que se formaliza el 20 de diciembre, viene precedido, al igual que el primero, por la derrota del Ejército de Aragón en Tudela el 25 de noviembre.
Los franceses, aunque han ocupado de forma temporal ciudades como Tarazona, Daroca o Calatayud, todavía no han formalizado su dominio territorial y los aragoneses, fuera de Zaragoza puede decirse que dominan gran parte de Aragón, con sus posiciones de apoyo a la ciudad en Zuera, Leciñena y Alcubierre y el llamado «cordón de Samper», por el sur.
1809 comienza con fuerte presión francesa, no sólo sobre la capital (que capitula el 21 de febrero), sino sobre otros puntos estratégicos: el 4 de enero, Calatayud; el 24 de enero, batalla de Leciñena que obliga a los aragoneses a replegarse sobre la Litera; el 19 de enero, Wattier llega a Samper y Elola se repliega a Alcañiz; el 4 de febrero Mortier entra en Huesca; el 22 de marzo cae Jaca. Entre mayo y junio se producen los intentos de Blake de recuperar Zaragoza y su fracaso se salda con las derrotas sucesivas de María (15 de junio), Belchite (18 de junio) y Alcañiz (19 de junio). El sur está expedito (Teruel cae el 23 de diciembre y Albarracín, el 26). Se abre una nueva fase de la guerra que se caracteriza por: a) una vez ocupada Zaragoza, el dominio francés del territorio se establece sobre las ciudades principales y los ejes estratégicos de movimientos de tropas y abastecimientos: Zaragoza-Jaca (hacia Francia), Mequinenza (hacia Cataluña), Zaragoza-Teruel (hacia Valencia) y b) Los aragoneses reorganizan el ejército en base a la movilidad de las guerrillas que les permite hostigar continuamente a los franceses y conservar amplias zonas del territorio en su poder la mayor parte del tiempo (sobre todo en la zona oriental de Huesca y en el sur de Teruel).
En 1810 destaca la actividad de don Pedro Villacampa con su división, que hostiga al enemigo no sólo en Teruel donde opera habitualmente (Villel,10 de febrero, Teruel, 3 de marzo; Albentosa, 11 de marzo), sino que pasa a la zona de Calatayud (El Frasno, 13 de mayo), volviendo en septiembre nuevamente a Teruel. Entretanto, don Felipe Perena se mantiene en la estratégica línea del Cinca hasta que el 14 de mayo es hecho prisionero en Lérida. Mequinenza cae en manos de los franceses el 8 de junio.
Guerrilleros más o menos independientes operan en torno a Beceite y la zona entre julio y octubre (Bernardo Borrás, Pedro Abián, José Rambla).
En 1811, las divisiones de Durán y El Empecinado atacan Calatayud el 25 de septiembre. En el norte, el vacío de Perena lo ha llenado Mina que en octubre llega desde Cinco Villas al Gállego, ocupando Ayerbe y rompiendo la línea de comunicación entre Huesca y Zaragoza.
En 1812, Villacampa prosigue sus acciones en el Partido de Calatayud (Campillo, 15 de marzo; Ateca, 25 de marzo), continuando en Teruel (Pozondón, 28 de marzo; poco después Monterde) y volviendo a La Almunia (25 de diciembre). El 2 de octubre se recupera Calatayud.
1813 y 1814 son años de ofensiva para los aragoneses que van recuperando las ciudades más importantes, comenzando por la capital, Zaragoza en julio de 1813. Seguirán Daroca (agosto 1813), Mequinenza (febrero 1814), Jaca (febrero 1814), Monzón (febrero 1814), Benasque (abril 1814), etc.
La guerra ha llegado a su fin.
 Los Sitios De Zaragoza.
Sin duda este es el periodo más conocido de la ciudad y del que sus habitantes se vuelven a sentir un profundo orgullo de su historia.
Zaragoza entonces tenía 55000 habitantes, que, unidos a los 1000 voluntarios de Huesca formaron una fuerza que resistió a las tropas francesas en el primer de los dos sitios que Zaragoza sufrió durante esta guerra.
Zaragoza no era una plaza fuerte tras el primero de los sitios, sus defensas eran más los ríos Ebro y Huerva que las propias murallas, en las que tras el primer sitio se hicieron reformas considerables.
La Aljafería y los conventos de los capuchinos y San José, defendían la ciudad por las zonas noroeste, sur y sureste, respectivamente; las ocho puertas de la ciudad tenían escasa consistencia y la fuerza artillera que se disponía era muy inferior a la francesa, siendo comunes las incursiones dentro de la ciudad, todas ellas repelidas por los habitantes de las misma.
La sublevación de Zaragoza contra Napoleón, el 24 de mayo de 1808, implicó para la ciudad y Aragón un gran esfuerzo bélico durante el primer año de guerra. Zaragoza soportó dos largos asedios. El primer Sitio comenzó el 5 de junio, tras las derrotas aragonesas en Tudela, Mallén y Alagón. El sitio duraría 62 días. El hambre en la ciudad sería aún peor que las balas o la artillería. 48.000 personas fueron víctimas del hambre, el tifus y otras enfermedades. 6.000 perecieron en la propia lucha. El 5 de agosto, los Franceses abandonan el sistio a causa de su derrota en Bailén(Andalucía).
El segundo Sitio, terrible y cruento, duró desde el 20 de diciembre hasta el 21 de febrero. El general Palafox, enfermo y sin recursos, rindió la ciudad, asolada y exhausta, cuando en sus calles había seis mil cadáveres sin enterrar. Durante el asedio, hubo luchas que duraron días para conquistar un solo edificio, habitación por habitación. Durante la heroica resistencia se forjaron personajes de leyenda, como la famosa Agustina de Aragón, retratada por Goya en sus Desastres de la Guerra. Goya ilustre pintor vio en persona los efectos devastadores de los bombardeos artilleros. La resistencia de Zaragoza se hizo famosa en Europa y fue recordada por insignes escritores. Un oficial francés, tras entrar en Zaragoza, dejó escrito: ¡Qué guerra! ¡La victoria da miedo!. Zaragoza sería tomada el 21 de febrero de 1809, la batalla no acabo ahí, solo se cambio de forma, pasando a guerra de guerrillas hasta la total expulsión de las tropas francesas.
Durante el resto del siglo acontecieron numerosos sucesos que debieran referenciarse mejor a la historia de España más que la propia aragonesa, así que aconsejamos leer algún texto que haga referencia a ese periodo histórico en España y si lo deseara sobre la región de Aragón.


 Las Guerras Carlistas
A la muerte de Fernando VII se origina en tierras aragonesas un movimiento de rebeldía popular que tiene lazos directos con la formación de partidas realistas en el Trienio liberal y, más próximos, en la sublevación de los malcontents catalanes (1827) cuya actividad había llegado a los Puertos de Beceite y alertado seriamente a las autoridades de Aragón.
1. La primera manifestación de este movimiento fue la aparición de un número considerable de pequeñas partidas que demostraron su efectividad permaneciendo como base de la reacción después de fracasar, una tras otra, las iniciativas fraguadas en las ciudades. Su objetivo principal estaba centrado en la subsistencia, lo que se tradujo en ágiles correrías al sur del Ebro desde el Campo de Cariñena al Bajo Aragón, apoyadas en la aquiescencia de muchos pueblos y violentando la escasa resistencia que algunos oponían a sus abastecimientos. Durante esta primera fase el componente de rebeldía campesina sobrepasó los límites del planteamiento político que hacían los organizadores afines a don Carlos, lo que repercutió en la indefinición inicial del movimiento. De su actitud sólo se desprende con claridad el enfrentamiento con el poder vigente tras la muerte de Fernando VII, y son menos frecuentes comportamientos nítidos como el del Barón de Hervés quien, puesto al mando de un levantamiento carlista en Morella, inició una marcha sobre el Bajo Aragón que terminaría en Calanda con una derrota total. El liderazgo personal es clave en la formación de partidas y así, aunque la figura de Carnicer es reconocida como autoridad en Aragón, su prestigio no impide que Conesa o Quílez desplieguen su actividad con independencia, o que partidas de incidencia local perpetúen aisladamente sus acciones.
2. En marzo de 1835 Carnicer sale hacia Navarra a recibir instrucciones de don Carlos, pero es descubierto en Miranda de Ebro y fusilado unos días después. Cabrera, que había quedado como Jefe accidental de los carlistas del Bajo Aragón, verá consolidada su posición a finales de año con el nombramiento de Comandante General del Bajo Aragón. Desde entonces hasta el final de la guerra será, indiscutiblemente, la máxima autoridad carlista en Aragón y Valencia. Los años 1835 y 1836 sirvieron para que Cabrera dotase de cohesión a las partidas aisladas y las integrase en una estructura que cada vez se aproximaba más a la de un ejército. A la vez las acciones se fueron haciendo sistemáticas y, aunque la extensión de éstas se redujo, comenzaba a definirse un área de auténtico control carlista‹zonas altas del Bajo Aragón y Maestrazgo, donde circulaban con libertad, obtenían raciones fácilmente y recibían constantes noticias de la posición de las columnas liberales. Signo evidente de que el potencial carlista está en aumento es el ataque a núcleos fortificados de cierta entidad como Alcañiz, Caspe o Montalbán.
3. La actividad carlista del año 1837 gira en torno al paso de la «Expedición Real» por tierras aragonesas. La Expedición, que debería terminar en Madrid proclamando rey a don Carlos, pasó a la provincia de Huesca, procedente de Navarra, el 20 de mayo con unos 14.000 hombres en sus filas y cuando alcanzó la frontera catalana ya había derrotado dos veces, en Huesca y Barbastro, a las tropas liberales. Después de cruzar el Ebro en Cataluña y adentrarse en Valencia, atravesaron la provincia de Teruel desde el sur hasta Herrera de los Navarros, donde vencieron de nuevo al ejército liberal, y de allí descendieron por el Jiloca hasta la Sierra de Albarracín por donde se internaron en Castilla. Casi todas las acciones de este año estuvieron vinculadas al abastecimiento de la Expedición y las principales incursiones tuvieron lugar en zonas llanas, de acceso rápido y sin apenas defensa. Cantavieja y los Puertos de Beceite son ya piezas clave para la infraestructura del carlismo en Aragón.
4. A partir de 1838 la actividad carlista entra en su fase de mayor extensión, no sólo por la acción de las fuerzas radicadas en Aragón, sino también por la incidencia que tienen las incursiones que se producen en la franja fronteriza de Huesca con Navarra y siguiendo el curso del río Jalón. Las principales ciudades al sur del Ebro, Calatayud, Zaragoza, Caspe, Alcañiz y Teruel, tienen los carlistas en sus puertas, y el territorio que media entre ellas está fuera del control de las tropas liberales.
A finales de 1839 las tropas al mando de Cabrera disponen de siete núcleos fortificados en Aragón respaldados por un control estable del territorio y una estrategia defensiva. Frente a esto, Espartero, con las tropas desocupadas en el norte por la firma del Convenio de Vergara, opone una línea de fortificaciones desde Alcañiz a Castel de Cabra tras la que sólo queda el fuerte carlista de Segura. Esta estrategia perseguía contener la actividad carlista al sur de la línea fortificada mientras a sus espaldas la incomunicación acababa con toda resistencia. A finales del invierno se inicia la ofensiva de los ejércitos liberales que desde el N., al mando de Espartero, toman Segura y poco después Castellote, y desde el sur, mandados por O'Donnell, ocupan las fortalezas de Aliaga, Alcalá de la Selva y Cantavieja. Con Cabrera enfermo y estos núcleos fortificados rendidos puede darse por terminada la resistencia carlista en Aragón, aunque todavía será la base del ejército liberal en sus operaciones contra Morella, cuya rendición se consigue el 30 de mayo de 1840.
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