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Cuando los musulmanes ocuparon el Valle del Ebro, sólo había dos núcleos urbanos
importantes, Zaragoza (llamada Saragusta) y Tarazona; con ello era difícil controlar un
territorio de tanta extensión. Conscientes de ello, fundaron en la provincia nuevos centros
urbanos.
En 714, Musa ben Nusayr se hace con su control tras lo que se
convierte, ya con el nombre islamizado de Sarakosta, en lugar clave para el posterior avance árabe hacia Francia.
Gracias a la debilidad de los godos, al apoyo de algunos terratenientes y
la colaboración de los judíos, los musulmanes se instalaron con rapidez y
consolidaron sus conquistas sin imponer a la fuerza sobre sus habitatnes. En los primeros momentos la población no
islámica permaneció fiel a sus creencias. Luego, más tarde, dadas las ventajas que otorgaba
el Islam, la mayor parte la adoptó como su religión.
Saragusta (o Sarakosta), "la ciudad blanca", abre un nuevo periodo de esplendor político y cultural,
convirtiéndose primero en la capital de la marca Superior de Al Andalus y de una
importante taifa independiente después.
Tal aumento de fieles conllevó la creación de nuevas mezquitas destacando la
mezquita mayor de Zaragoza que más tarde con la reconquista sería convertida en la
en La Seo (el término "seo" significa catedral).
Los musulmanes llegaron incluso a Francia, a través de los Pirineos, pero debido a la
difícil accesibilidad, apenas estuvieron en territorio franco para saquear algunos pueblos.
Exigían a los cristianos que se refugiaron en los Pirineos, tributo, que no tuvo demasiado
efecto, ya que si a los musulmanes no les interesaba la zona pirenaica era por su poca
productividad al ser terreno montañoso; por la misma razón, los cristianos no podían
pagarlo. Pero debido al terreno, se podían defender mejor del pillaje árabe, y sobrevivieron
bastante bien a las partidas de castigo que efectuaban los musulmanes contra los reductos
cristianos.
Pocos años después, en el 778, un ejército franco, a las órdenes de Carlomagno, avanza desde el otro lado de los Pirineos con
la intención de hacerse con la ciudad. Fracasada la expedición, es atacada a su regreso en el paso, supuestamente, de
Roncesvalles, donde muere en combate Roldán.
En los siguientes cuatro siglos se convertirá en la segunda ciudad en importancia de Al-Andalus, tras Córdoba,
siendo, desde el s. XI, capital de uno de los reinos de taifas más extensos y poderosos. Pese a la amenaza de los
reinos cristianos de la zona Pirenaica, la ciudad se asegura su independencia por medio del pago de tributos.
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