Música que acompaña a la comparsa de gigantes y cabezudos |
Los primeros en aparecer, según las viejas crónicas, fueron los Gigantes, que, en número de cuatro, figuraban las partes del mundo conocido.
Así, representaron su papel en las solemnidades de la ciudad, sobre un fondo de auto sacramental. De su origen simbólico, vinculado al teatro y aun al ritual sacro y profano, los Gigantes, a mediados del setecientos, se convirtieron en ejemplarizados modelos, no sólo de la indumentaria, sino también de la compostura y posición social.
Para entonces, ya se hacían acompañar de otro pintoresco grupo de gigantillos, enanos o narigudos, que la imaginación popular dio en bautizar como Cabezudos, en consideración a la proporcion de su cráneo.
Su cómica presencia suscitaba toda clase de burlas y de escarnecedores dichos y hechos por parte del pueblo. En contraste, los Gigantes, desde su privilegiada perspectiva, contemplaban la escena con aristocático desdén. Si los Cabezudos saltan o encorren, los Gigantes desfilan o danzan creando dos ámbitos que reflejaban la diferencia entre dos mundos, en lo social y en lo moral, conforme a las idea del momento.
A mediados del siglo XIX, la comparsa se ve modificada y ampliada por parte de Felíz de Oroz. De su mano, la comparsa queda constituida por ocho Gigantes, ocho cabezudos y un formidable tragachicos llamado Gargantúa. Oroz ideo cuatro Gigantes nuevos, todos ellos personajes del Quijote.
En el pasado año 2000, la comparsa de Gigantes y Cabezudos fue restaurada para que pueda ser contemplada con toda su explendor y poder disfrutar de ella durante las diversas festividades en las que dicha comparsa se pasee por las calles.
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