Una de las citas
más intensas de la oferta musical estival,
el Monegros Desert Festival, como quien no quiere
la cosa, ha alcanzado este año su undécima
edición.
Atrás quedan ya la los recuerdos de la conmemoración
del año anterior por sus diez ediciones.
Con cada Monegros, aumenta la oferta
en estilos y en número de actuaciones, mejora la
organización, se mejoran los accesos e, inevitablemente,
crece brutalmente la afluencia masiva de público
llegado desde todos los rincones de España e incluso
de fuera de nuestras fronteras.
Sin embargo, este Festival comienza a adolecer de los
problemas de los grandes eventos, aunque no tiene problemas
con el espacio disponible, no entendemos cómo todavía
no se han reorganizado las carpas para facilitar el tránsito
entre ellas, sobre todo con el escenario al aire libre.
Aglomeraciones en las barras para pedir bebidas o en las
casetas para cambiar Monegrinos, solucionables con mejores
previsiones. Problemas eléctricos o fallos de sonido
puntuales, comprensibles en un evento en mitad del desierto.
En temas más prosaicos, la comida este año
con el catering perdió el romanticismo de otros
años por una eficiencia propia de hospitales o
aviones (y en la que la coca de Fraga, el dulce, que otros
años disfrutaban los acreditados, desgraciadamente
no tuvo cabida).
Pero no han sido ni las esperas ni los cortes lo que ha
deslucido la edición 2005, sino un pequeño
incidente en uno de los escenarios, de acceso únicamente
para acreditados y en el que sus patrocinadores demostraron
un comportamiento caciquil cortando a uno de los artistas
e impidiéndole continuar con su actuación
al no considerarla adecuada a su perfil. Malentendido
o veto, la situación no debió haberse producido,
si el patrocinador quería que sonase un estilo
concreto debería haberlo comunicado a la organización
y ésta debería haber previsto qué
artistas estaba colocando en la parrila de ese escenario.
En lo que respecta a la música, el festival
no sólo mantiene el listón de ediciones
anteriores sino que en algunos casos logra superarlo.
En mi caso, puedo asegurar que estaba estresado ante tantas
cosas por ver y desgraciadamente al mismo tiempo, con
las consecuentes idas y venidas entre escenarios. Como
aviso para los responsables de la organización
encargados de planificar los horarios de las actuaciones,
recomiendo hacer un estudio de los diferentes perfiles
de asistentes para que se den cuenta de que no sólo
van personas que no se mueven del Open Air o que están
en un único escenario. Hay que planificar para
que no haya tanto solapamiento de grupos con un perfil
de público muy parecido en distintos escenarios
y al mismo tiempo.
Es difícil hacer un resumen de todos los escenarios,
sin embargo destacaré algunos de los que más
hicieron disfrutar.
Los artistas más bailados por el público
más duro en el Open Air fueron, casi en sesión
continua: Sven Vath, Pascal F.E.O.S., Jeff Mills, Ben
Sims y Oscar Mulero.
En la Carpa San Miguel, cartel heterodoxo donde se alternó
el hiphop nacional de Jota Mayúscula o Sólo
los Solo y los grandes Cypress Hill con los clásicos
del tecno como Richie Hawtin, Dave Clark o Mistress Barbara.
De la White Label Arena destacar los lives de Alexander
Kowalski, Heiko Laux y por supuesto los zaragozanos JLF
que un año más no faltaron a la cita con
un set enérgico.
En la Bacardi Tent los aficionados a la electrónica
más refinada pudimos difrutar de los ritmos de
Chicago, a cargo de Ron Trent y Lil´Louis, de las
propuestas de Francois K. y Felix da Housecat y de la
sesión de DJ Behrouz, el iraní afincado
en USA, sin olvidar el disfrutadísimo live de Superdiscount.
Pequeña era la carpa Grupo Zeta Area, pero su programación
estuvo a la altura con el directo de los norteamericanos
Thievery Corporation, el ecléctico David Holmes
y donde destacaron los también directos de Phuture
303 y Zombie Nation; mencionar el flaco favor que Windsor
for the derby les hicieron a las Chicks on Speed que actuaron
tras ellos y que se encontraron con que éstos habían
vaciado la carpa a golpe de guitarra.
Si pequeña era la carpa anterior, minúscula
es la Xclub!, pero se lleva la palma con el live de Aux
88, una actuación vibrante con el mejor electro,
disfrutado y bailado por aquellos que nos escapamos de
los ritmos más facilones del resto de las carpas.
Finalmente el Chill-Out, el espacio más elegido
por aquellos que decidían que el suelo es un buen
lugar para dormir o donde reposar el “bajon”,
pero donde disfrutamos de las propuestas menos convencionales
a cargo de Plaid, Thomas Fehlmann, Howie B o Photek.
Un año más, otra edición y cada vez
más intensa y agotadora, y todo ello cuando ya
se nos invita a una nueva y segunda cita anual el 29 de
octubre, al M2 “indoor” Festival, por supuesto
en los Monegros.