[música] FEA en Zaragoza
||> txt :. Succia Pecorina ||> dsñ:. Sergio Pacheco
Impresionante el micro-festival que pudimos ver el sábado 29 de enero para las fiestas del patrón de la ciudad, San Valero. Nada ni nadie nos avisó de lo imposible del asunto. El Cairo se quedó pequeño para el evento, así que habrá que pensar en una nueva ubicación para la próxima edición, si es que se atreven los organizadores.
Los 80 más duros
La noche comenzó temprano, a cargo de Los Tenistas que, vestidos con pantaloncitos al uso y camisetas que dejaban clara su devoción por la Navratilova, John McEnroe y Björn Björk, saltaron a la "cancha" dispuestos a despedazar los oídos de todos con un punk de extrarradio perfectamente anclado en los 80, que
era de lo que se trataba en una fiesta dedicada al revival de esa década. No dejaron títere con cabeza en cuanto a la puesta en escena. Para empezar llegaron a la "tierra batida" escoltados por tres guardaespaldas adictos a la cerveza que llevaban la camiseta del grupo. El cantante, al que se le ponía la frente de un rojo brillante cuando berreaba, sin pudor, las letras de la guardería de la que salieron los niños de la familia Addams, no se quitó las gafas de sol ni las ganas de reventar los tímpanos al personal, durante toda la actuación. Imprescindibles para traumatizar a tus hijos, cuando los tengas.
Tras ellos iban a llegar El Gran Puzzle Cózmico pero graves problemas familiares de última hora lo impidieron. Un abrazo, chicos.

La década de luto
El dj de continuación (como dicen en los grandes eventos) no era otro que Herbal, uno de los habituales del garito indiepop Central (no confundir con la macrodiscoteca maquinera de la piel de toro), del que casualmente es dj residente Hang The Dj, es decir, Julio de La Nota Discordante (que no firma este artículo porque ahora nos mira desde la cumbre del Heraldo de Aragón, je je je.). Herbal estuvo mucho más acertado que de costumbre, ya que nos hizo bailar
durante la media hora que separaba un concierto de otro. Por fin llegó el turno de Oblique, un proyecto barcelonés que puede dar que hablar en los próximos meses. Ya han sido recientemente remezclados por Fangoria, y todo (aunque eso no es garantía de éxito, como bien sabe cierto personajillo ridículo que conocemos todos en Zaragoza). A mitad de camino entre gente como Miss Kittin y lo más suave del future pop, fueron dosificando su espectáculo desde el soso comienzo hasta la apoteosis de jolgorio que supusieron las versiones de Depeche Mode y el "Holliday" de Madonna. Sus canciones variaban entre el gélido silicio y las orgánicas voces de sus componentes. Nos gustó especialmente la del clon de Felipe (el amigo de Mafalda) que, en realidad, se llama Andrés, lo suficientemente gangosa y potente como para agarrarse a nuestros tímpanos con tesón. Sinceramente creemos que fueron lo mejor de una noche en la que lo más bizarro estaba aún por llegar.

Las urracas parlanchinas
Cuando estábamos como mentecatos bailando las canciones de Amnesia y otros proyectos de finales de los 80 e incluso de los 90, a cargo de Herbal (aún no entendemos lo del alzacuellos; quizás por eso tenía una inspiración divina) llegaron dos pelagatos vestidos de los Globber Trotters con pelucón afro y nos dijeron que eran The Movidas. Ni cantaban ni bailaban, pero yo no me los pierdo la próxima vez que tenga ocasión de verlos. Con bases musicales a cargo de Quique Yemas (el mejor del conjunto) en las que se podía oír desde funk hasta pasodobles, los otros dos se dedicaron a demostrarnos la posesión del título mundial de la coprolalia exacerbada, escupiendo al micro títulos como "Paquirri era gay" o "Dónde vas Michael Knight" y consignas invitando a la gente a ir a la Florida 135 o a no comprar techno alemán, en un estilo nada convencional dentro de los cánones establecidos por el hip hop al uso. También les dio tiempo para meterse a saco con nuestro amigo el responsable del fanzine Georgie Girl, por haber dejado en mal lugar en su publicación al festival FEA y a todos estos grupos de electroclash español cutre.
Tuvieron hasta un espontáneo al micro, al que bautizaron Dj Lazarillo y su improvisación acerca del Scotch Brite del siglo XXI al acercarse alguien del
público a regalarles una bola de pelos cuando uno de los cantantes bajó a marcarse unos pogos con el personal, fue uno de los momentos memorables de la noche. Necesitamos más micro-festivales ya.