Venir a este
minifestival zaragozano es encontrarte con una sorpresa
en cada edición. Si ya hemos pasado por lluvia,
bajas, cambios y mal sonido, este año le
tocaba el turno a un lavado de cara general, romper
con el pasado para empezar un nuevo futuro. Ya no
pertenece a las fiestas del Pilar (menos mal) y
el escenario esta vez es en un sitio cerrado (la
sala multiusos), algo enorme para el evento, pero
vale.
Esta vez la sorpresa, y aún no sé
si es para bien o para mal, ha sido el cartel.
A priori y para cultivados
en la electrónica un buen festival con nombres
nuevos y de talla; pero, para no iniciados, una quincena
de desconocidos que además la publicidad no aclaraba
(ni estilos ni procedencia).
Ahí está el principal motivo por el cual
la asistencia de público fue más bien escasa.
Y es más, si te pones a indagar entre los artistas
descubrirás que la mayoría tienen algo en
común (y esa es otra pega), que ninguno es de baile.
Todos son rollete experimental, electrónica inteligente,
etc. ¿Y qué pasa cuando la gente que va
quiere bailar y no le das de bailar? Pues que se aburre,
por muy bien que esté Luke Vibert o Mu-zik. Tomen
nota organizadores y cambien el chip o de consejeros.
En lo artístico la nota del festival sería
un notable de no ser por dos gigantescos muy deficientes
y un suspenso. Por su culpa baja la media.
Esto es como la selectividad, no vale con que saques dos
sobresalientes si hay alguna asignatura (aquí llamadas
El Gran Puzzle Cózmico y Wevie Stonder) en las
que no tienes ni pajolera idea. Menudas monstruosidades
sonoras y visuales, daban incluso vergüenza ajena.
Los del puzzle hubieran hecho bien en quedarse en su casita
un par de siglos más ensayando y aprendiendo a
hacer algo más que seleccionar presets de su única
máquina. Y de las letras mejor no hablar. Y de
los de Skam, ídem, ver un payaso repartiendo caramelos
y correteando sin parar haciendo jueguecitos imbéciles
mientras sus compis hacen como que hacen algo, pues no.
Leticia Sabater lo sabe hacer mejor.
Después de este acaloramiento vamos con lo importante.
Algunos de los directos quedaron un poco sosos debido
al ambiente (Fibla, Quinoline Yellow). Otros pusieron
empeño en levantar algo el ánimo colectivo
(Balago, Infrasound, Freeform o Parsec), aunque hubo también
quien se encargó de bajarlo (Mira Calix o Dj 2D2).
Así pues nos quedamos con los buenos. Y ese premio
gordo hay que dárselo a Luke Vibert. Pegado a su
portátil se podía ver una bonita pegatina
que decía I love acid así que
ya os podéis hacer una idea. Los ritmos arrastrados
y el hip hop instrumental del comienzo se volvieron cada
vez más robóticos e impregnados de ese ácido
sonido que tanto nos gusta en LND. No se podía
bailar físicamente pero mentalmente lo pasábamos
como enanos. La virtual medalla de plata
es para Mu-zik porque siguiendo los patrones (no tan desquiciados)
de Aphex Twin supo acertar con esa difícil mezcla
de ruidos y ritmos hiperacelerados que es el drill&bass
y la experimentación más amable. Y el bronce
es para la mitad de SuperCollider. Jamie Lidell demostró
que tiene un portento de voz emulando a grandes del soul
como Al Green o Curtis Mayfield pero con esa vena desquiciada
propia de los tiempos en los que vivimos; añadiendo
a sus letras sonidos descacharrantes, tormentas de ruido
y ritmos imposibles. La pega es que no sabe contenerse
y a veces se pasa de la raya.
Estaremos expectantes a las nuevas sorpresas del año
que viene ¿Alguien apuesta?