El Escenario Verde recogió
algunos de los momentos más emblemáticos
del festival, con Suede ahuyando como gatas enceladas,
Beth Gibbons repartiendo besos, la de Goldfrapp dando
rienda suelta a su ramalazo operístico, unos Blur
algo ya mayores para ir de eternos adolescentes, Moby
dándonos clases de castellano o Beck tirándose
por los suelos, después de vomitar toda su creatividad.
Cocktail de la leche
Desde el Escenario Fiberfib.com y el Escenario Motorola,
que resultaron ser el mismo, Moloko volvieron a encandilar
al público, con un derroche de energía por
parte de sus miembros mientras, unos muy yayos para estos
trotes 808 State, cantaban con un micro metido literalmente
en la boca, The Faint nos dejaban con las ganas (no acudieron
finalmente), Swayzak nos decepcionaban sobremanera, y
Chop Suey o Katerine fundían los corazones del
incomprensiblemente exiguo público que lograron
arrastrar. Los 2 Many djs y Groove Armada, así
como Todd Terry y Jori Hulkkonen, se llevaron la ovación
del público.
Mejunjes varios
El Escenario Club se llenó de los sonidos más
arriesgados del festival, con los Suicide y sus ganas
de no acabar nunca, The Postal Service -de lo mejor-,
un estupendo Erlend Oye, la gritona horrible de Adult,
el cuasiheavy Magas, unos desinflados -conforme avanzaba
la actuación- Kitbuilders, un anacrónico
aunque divertido Louie Austen, Ciëlo y su cambio
de rumbo estilístico, Grado 33 (si hubiesen encontrado
disposición para actuar) o Echoboy y sus versiones.
Por cierto, Ellos levantan pasiones entre chicas e incluso
chicos.
El Chill Out estuvo bien, lo que pasa es que cabía
poca gente y permanecimos en él poco rato. Y la
fiesta de presentación estuvo muy amena con los
gallegos Deluxe, que tienen muchos fans, fíjate,
la Costa Brava y los sosillos de Budapest.