[kawaii blues]
||> txt :. el pececito de colores ||> dsñ:. Sergio Pacheco
Los Fruities vs. Agent-X #7
Algo de lo que bebí anoche me sentó mal. Después de recorrer el pasillo hasta el baño sé cómo se sienten los hamsters en esos túneles para hamsters. Espero que no llevara las manos sucias, o a alguien, es decir, a mí, le va a tocar limpiar las paredes y dar algunas explicaciones.

Debió ser el vodka lituano que tenían en la fiesta de LND. El mejor precio para el mejor vodka. No hay nada con lo que no se pueda mezclar. Excepto por lo visto conmigo. No me lo explico, solo lo usé para rebajar.

Cuando me metí en la cama todavía olía a tabaco. Ok, no me importa. Me gusta. Y de todos modos, la ducha me había despejado lo suficiente para no hacer la última vez, en que mi madre entró a la mañana siguiente y me encontró debajo, y quiero decir debajo, de la cama, con la almohada, una de las mantas y el mando de la tele aferrado en la mano cual osito de peluche. La tele del salón.

Pero esta mañana cuando me he despertado, he descubierto que tenía un resfriado terrible, con ciento un grados. Fahrenheit. Que vienen a ser unos treinta y ocho grados de los comunes. Por qué tenemos en casa un termómetro en grados Fahrenheit es un misterioso insondable en el que no me atrevo a indagar.

Varios analgésicos, antitérmicos y contramoquíticos después, estaba lo suficientemente bien (drogada) para poder permanecer en la cama durante horas mirando al techo, que por alguna razón se convierte en un planetario improvisado y empiezas a ver figuras, cráteres y hasta constelaciones.

Una cantidad indeterminada de tiempo después de que llamaran a la puerta, apareció Mariola por la puerta de mi cuarto. Eh. Es tan maja. Había venido a verme y además me había traído la película más audaz para el público más inteligente (que le había prestado del videoclub el día anterior, después de verla yo). Casualmente la había estado dibujando cuando desistí en intentar leer. Después de leer unas doce o trece veces el mismo diálogo e ir a por una catorceava, me dije: “Mamá”. Y después “Acércame un papel de ese cajón” y también “acércame los lápices de dibujo de ese bote” y por supuesto “tráeme un zumo”. “¿De qué lo quieres?”. De naranja, de qué lo voy a querer. Pero no había naranja, así que me tuve que conformar con un multifrutas que debieron comprar para mi hermano, porque ellos sólo beben vino y agua mineral.

Los zumos multifrutas los hacen de todos los chorritos que quedan de todos los otros zumos. No es de extrañar pues, que la descripción de frutas del envase fuera un ejercicio de pura fantasía.

Cuando más cómoda estaba con ella, llegó Stu. Sí, había venido a verme, también. Y se sentó cerca, a pesar de que pudiera pegarle un bicho. Sí, pero cerca de Mariola también, que abusando de su injusto conocimiento del inglés se puso a charrar con él de lo humano y lo divino. Y de las risitas pasó a los toquecitos. Un algoritmo que no dejaba dudas.

Aléjate de él, lesbiana.

Tendría que hablar con Stu. “She, Mariola. Dyke. Very Dyke. Lick. Lick.” No comprendo cómo una amiga puede flirtear con quien sabe que es tu interés amóreo, porque lo sabía, ¿verdad? No le había dicho nada, pero tiene ojos en la cara, y sabe leer entre líneas cuando le digo que quedo con él a menudo pero no le digo nada más, y quiero decir nada, nada más. Lenguaje universal para “es mío, ni lo mires”.

No me extraña que las revistas a lo Cosmo vendan tanto. Tratan temas de interés universal. Y luego están esas encuestas. “¿Eres demasiado celosa o sólo celosa?”. Que es como decir “¿Estás o no estás?”. Son la versión maché de “El Pistolero Solitario”.

Oh, pero qué veo. Mariola se levanta para irse. Que se quede Stu, que se quede, que... Se levanta también, pero no me ha dicho nada, no se iría sin despedirse. Mariola me dice adiós con la mano. Stu...

¡Sí! ¡Se queda! Soy una bomba brasileña.