| [kawaii
blues] |
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| ||> txt :. el pececito de
colores ||> dsñ:. Sergio Pacheco |
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Visitar mi librería
especializada (término equivalente a cuando
los primeros cristianos dibujaban un pez en el suelo
con sus bastones) me está dejando complejo
de machorra. Dentro de poco empezaré a comprarme
camisas de leñador. No es que no encuentre
miembras de mi mismo sexo, que si no del mismo,
del más parecido sí que atisban sus
orejitas entre los matojos que pululan pasillo arriba
y pasillo abajo. Pero es que no puedo dejar de fijarme
en que cada vez que voy a comprar cómics,
las únicas ejemplares del bello sexo que
hay, están comprando sólo y únicamente
Manga. Y normalmente ni siquiera visitan la sección
a la busca y captura sino que preguntan al Paco
de turno nada más entrar por la puerta.
Nunca jamás las he visto comprar, ni siquiera
mirar de reojo, nada que no esté dibujado
en blanco y negro y no tenga unos grandes ojos donde
las lágrimas brillen con chispitinas. Como
persona mujer de mente abierta, no tengo nada en
contra del Manga sentimentaloide, pero sin comerlo
ni beberlo, soy siempre la única que pulula
pasillo arriba y pasillo abajo con el resto de matojos
a la busca y captura de un cómic que me pueda
llamar la atención, como si no hubiera repasado
las estanterías ya un par de veces, con la
carpeta bajo el brazo y mirando el reloj intermitentemente
para saber cuando tengo que volver a clase.
En este ambiente, claro, los chicos que me rodean
y me empiezan a echar miradas de reojo, visto que
no he huido al otro lado de la tienda nada más
verlos y que incluso me rozo con ellos cuando estoy
mirando la misma parte de la estantería,
creen que ya, que por fin, tras tantos años
de trabajo lo han conseguido, han ligado.
Una por instinto tiende a responder a las sonrisas
amables con otra sonrisa, pero he tenido que desarrollar
uno de esos rostros inescrutables que sin embargo
se siguen tomando como una señal.
Ya que, si me hacía la indiferente, era evidentemente
porque le interesaba. Si no, ¿por qué
estaba comprando comics?
Se lo que soy para ellos. Una chica que compra comics
para ellos tiene un nombre: una oportunidad.
Lo más jodido de todo es que las chicas que
entran a una librería especializada, y por
ende, que compran Manga, son la mayoría unas
buenorras mientras que los chicos suelen ser la
mayoría todo lo contrario a buenorro. Así,
si bien he descubierto que si algún día
ando necesitada y desesperada, tengo que dejarme
de bares e ir a una librería especializada,
también me he visto separada de el
grupo de las chicas.
Como digna outsider, orgullosa de sí
misma, he tenido que reconocer que tengo poco que
ver con Mangas melodramáticos y misteriosos
chicos barbilampiños, o peor, románticamente
atormentados. Si miro a mi colección de Manga,
veo monstruos multípodos donde el número
de podos es proporcional al de penes, diosecillos
carcajeantes, mechas y alguna que otra historia
semi-mística.
Por esto, aunque quiero caerles bien, cuando me
ven con mi cosecha eminentemente de superhéroes
y el tomo japones de monstruos multiojos (todo en
ellos parece ser multi) y chicas violadas,
no pueden evitar una mirada de desprecio, de arriba
abajo, y una risita absurda.
Lo que les hace falta es un chorro de testosterona
y un tomo de la Biblioteca Marvel entro pecho y
espalda sin parar siquiera para respirar.
Vaya, me he pasado de comida. Me preocupa, pero
el pececito no parece quejarse. Creo haber oído
que si tienen demasiada comida, comen hasta reventar.
¿O me lo he montado yo?
Creo que lo voy a averiguar. Porque no pienso meter
la mano ahí. |
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