[kawaii blues]
||> txt :. el pececito de colores ||> dsñ:. Sergio Pacheco
shockadelica
Mariola me ha presentado a su novio. Esta chica me confunde.

Venía del cine con Stu. No me había enterado de la peli porque había estado todo el rato pensando en él, tan cerca de mí, codo con codo. Podía sentir las mejillas calientes y el pulso acelerado. Cada vez que intentaba concentrarme en la película, volvía a Stu, una y otra vez. Ni siquiera era una fantasía concreta como que se acercaría para besarme, estaba demasiado aturdida para poder pensar siquiera.

Él tampoco se había enterado de nada, y me gustaría pensar que era por mí, pero el problema era en realidad su comprensión media-alta de español que le había traído a completar sus estudios a España, y más concretamente, a casa de sus tíos. Sentí que el mundo se me caía encima cuando me pidió que le contara algunas cosas de la película. Supongo que podría haber improvisado o soltarle una trola, o contarle otra película, pero entonces nos encontramos a Mariola y a ese pollo en el bar del Fnac.

Ya no recuerdo cómo dijo que se llamaba, pero podían verse los músculos bajo la ropa ceñida que llevaba. No sé qué me molestaba más, el piercing que llevaba sobre una ceja, el tatuaje a la espalda a la altura del cinturón, o que no hiciera mas que sonreír y tocar el brazo de Mariola.

Por lo visto, era monitor en un gimnasio de Fitness al que Mariola se había apuntado por miedo a tener unas horas libres a la semana para ella. Si no estaba estudiando, o trabajando, o no era fin de semana, las horas libres no eran sino una revelación de que no tenías nada que hacer con tu vida. Estaba yo, por supuesto, pero parecía preferir a ese armario con flecos que por lo visto gastaba todo su dinero en ropa y unos zapatos posiblemente más caros que mis pendientes buenos y mi reloj juntos.

Tenía que haberle cogido del brazo, llevarla a una esquina y decirle un par de cosas, pero por alguna razón, el pequeño bastardo dominaba el inglés lo suficiente para enrollarse con Stu y dejarme fuera de la conversación. Mariola también sabía más inglés que yo, aunque por lo que estaba descubriendo, hasta las ranas sabían más inglés que yo. Quizá debería cambiar las clases de dibujo por correspondencia de la Escola De Comic Joso por unos cursillos de inglés... Sí, y ya puestos, quizá debería empezar a dejar el zumo de naranja. Tiene que haber otras vitaminas esperándome por ahí.

Así que pronto estuve concentrándome en mi refresco mientras sonreía afirmativamente y Mariola me explicaba a ratos de lo que estaban hablando.

La he conocido desde que llevaba faldas, la he tirado al patio del recreo y le he hecho sangrar las rodillas. Me ha roto un diente y hemos alquilado películas guarras a medias. Este no es el momento para descubrir que ha sido abducida y que la Mariola que tengo delante de mi no es sino una vaina extraterrestre. Definitivamente, no es el puto momento.

Cada vez que parece que nunca llegaras a conseguir algo, se escurre entre los dedos y descubres que has perdido la oportunidad, que sólo tenías que cerrar los dedos y habría sido tuyo.

Al menos tengo a mi pececito de colores. He ido esta misma mañana a comprarle un castillo y una estrella de mar para disimular el tubo del aire pero no creo ni que se haya dado cuenta. Me sigue mirando, fascinado. En el fondo, si lo pienso bien, su memoria, o falta de ella, hace que cada vez que me mira sea la primera. Qué profundo.