| [idas
de olla] |
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| ||> txt :. Lourdes Liñán
||> dsñ:. Sergio Pacheco |
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Ya hacía tiempo que
la estábamos esperando, pero parecía
que nunca llegaba. Pasaba un día, pasaba
otro, y la prima Vera seguía sin dar señales
por ningún lado. Cuando por fin la hoja del
almanaque informaba de su llegada nos pusimos muy
contentos. La tarde del día anterior estuvimos
adornando toda la casa con flores de papel de muchos
colores y texturas. Colocamos flores en el techo,
en los marcos de las puertas, de tal manera que
al abrirlas las flores colgaban como si de hiedra
se tratara, en las paredes, pegadas por detrás
con un trocito de celo, flores en las cabeceras
de las camas, en las esquinas de los cuadros, en
la nevera, hasta en el baño; pusimos flores
en la bañera colgadas de la mampara a modo
de guirnaldas, y dos grandes margaritas azules en
el espejo. Toda la casa estaba llena de flores para
dar la bienvenida a la prima Vera, porque sabíamos
que a ella le encantan las flores y los colores,
y la alegría.
Llevábamos nueve meses esperándola,
y no habíamos tenido noticias de ella en
todo ese tiempo. Sabíamos que siempre volvía
con regularidad el mismo día del mismo mes
y que tenía un contrato de trabajo de tres
meses justos, pero no teníamos ni idea de
dónde se metía el resto del año.
Sospechábamos que viajaba por todo el mundo
en estancias de tres meses, pero no estábamos
muy seguros de ello. Lo importante era que al día
siguiente iba a venir a visitarnos. Mamá
incluso había hecho una comida especial para
celebrarlo. Yo estrenaría mi vestido nuevo
de manga corta, porque con ella también venía
Buentiempo, que era un amigo suyo de toda la vida.
Hasta Papin se había propuesto ser bueno
durante todo el día. Toño era la única
persona a la que no le hacía ninguna gracia
que viniera la prima Vera, por alguna razón
su presencia le hacía estornudar de una forma
descontrolada y totalmente involuntaria. Cuando
vio las flores adornando todas las habitaciones
de la casa se encerró en su habitación
murmurando: Oh, no, no, Vera no A la
prima le daba igual esa extraña antipatía
que despertaba hacia Toño, de hecho, cada
vez que venía le cogía de los mofletes
y le decía: Oh, Toño, estás
cada día más guapo y Toño
se escapaba corriendo mientras estornudaba a todo
tren; se encerraba en su habitación y echaba
la llave a la puerta para que no entrara nadie.
A mí me encanta la prima Vera. Cuando llega
todo se llena de colores. No obstante, también
he de reconocer, y en eso no sé si ella tendrá
algo que ver, que en cuanto aparece me entran picores
por todo el cuerpo y parece que tenga el baile de
San Vito, aunque a ese santo tan bailongo yo no
lo conozco. Pero aún así, la prima
Vera es genial. A mamá se le pone una sonrisa
de oreja a oreja que le llena toda la cara y Papin
va por ahí como loco de contento oliéndolo
todo, como Rufo, el perro, que también va
ladrando de un lado para otro. Lo que más
le gusta es perseguir mariposas. Y es que la prima
se trae un montón de mariposas metidas en
la maleta, y las suelta por la ventana cuando llega.
¡Qué ganas teníamos ya de que
llegara!
Y llegó el día previsto, y estábamos
todos preparados. La casa estaba preciosa con tantos
adornos, Rufo estaba sentado frente a la puerta,
esperando que sonara el timbre de un momento a otro,
mamá daba los últimos toques al pastel
de fresas, Toño estaba ya encerrado en su
habitación, Papin había recogido todos
sus juguetes y yo llevaba mi vestido nuevo de manga
corta. Pasaron las horas y la prima Vera no llegó.
¡Pero si habíamos contado todos los
días! Habían pasado 272 días
desde que se fue. Era la primera vez en mis cinco
años de vida que se retrasaba, que yo recordara,
claro. Rufo no paraba de dar vueltas por el pasillo,
y yo me estaba impacientando por momentos. Toño
dijo que a lo mejor se había olvidado y este
año no venía. No me lo podía
creer. La prima Vera siempre venía, y además
era muy puntual. Mamá dijo que era mejor
que comiéramos, porque el pastel se iba a
estropear. A mí me costaba trabajo creer
que la prima nos hubiera fallado. Toño no
cabía en sí de felicidad. Entonces
Papin hizo un descubrimiento. ¡Mamá,
que este año es bisiesto! Claro, eso
lo aclaraba todo. ¿Y qué era bisiesto?
Esa palabra era nueva para mí. Mamá
me explicó que cada cuatro años hay
uno que tiene un día más. Papin explicó
que, al hacer la cuenta, tenían que haber
contado 273 días en vez de 272. Y eso quería
decir que la prima Vera vendría al día
siguiente. Y vino, y trajo mariposas, y flores,
y colores, y estornudos para Toño, pero Buentiempo
no vino con ella, dijo que este año se retrasaría
unas semanas. Pero vino. |
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