[idas de olla]
||> txt :. Lourdes Liñán ||> dsñ:. Sergio Pacheco
encuentros
Sé perfectamente cómo son los humanos porque los he comido a cientos, pero ese ser que tengo ahí delante no parece uno de ellos. Todavía no se ha dado cuenta de que le estoy mirando. Sólo tiene dos ojos y es muy pequeño De lejos me había parecido más grande. No me da miedo, más bien me da risa. Parece temeroso. Tiene aproximadamente la mitad de mi altura, se diría que mide unos treinta Shtduts y está claro que su visión en foco fijo se reduce a noventa grados. Si me acercara a él por detrás sigilosamente ni se percataría de mi presencia. Me delataría mi sombra proyectada sobre él, ¿o es ella?

Me esconderé tras esa roca volcánica que hay en aquella quebrada a cuarenta Shtduts al oeste para poder vigilarle mejor. Parece que está recolectando algo, y lo recoge con sus propias manos. Qué civilización tan primitiva? esta roca no es nada estable, está empezando a moverse, será mejor que me vaya de aquí. Oh, no, es demasiado tarde, no era una roca, ¡es una cría de Pmfeder mimetizada de roca volcánica! ¡Esta no es una buena oportunidad para poner a prueba mis recién estrenadas articulaciones! Intento ponerme en pie todo lo rápido que me permiten mis rodillas. Cómo duelen. La cría de Pmfeder me ha olisqueado el pelo y se está poniendo como loca de contenta, cree que tiene un compañero de juegos. La sorteo rodeándola por detrás y escapo. Corro todo lo deprisa que puedo pero siento el aliento del cachorro que resopla como un motor de explosión.

El humano se acaba de dar cuenta de mi presencia, y de la de mi juguetón perseguidor también. Ha soltado la bolsa y huye hacia el norte. Sus extremidades son mucho más rápidas que las mías, debo parecer muy torpe
corriendo. Estoy aprendiendo. Este monstruo está cada vez más cerca, no quiero mirar atrás para no asustarme. Las crías no son agresivas, pero tienen la manía de echarse encima de cualquier ser que esté cerca, sólo por jugar, y dos mil quinientos Vnegbiats es algo así como diez veces mi peso. La geografía de este terreno gravoso no me ayuda. Los restos de lava solidificada me raspan en las plantas de los pies y cada vez aumenta más el suplicio de seguir huyendo.

¿Qué ocurre ahora? ¡Se ha abierto una trampilla en el suelo, voy a ca?agggh!

Ocurre todo tan deprisa que casi lo puedo contar en pasado. Llevo varios segundos precipitándome en el vacío y siento miles de sensaciones a la vez y no soy capaz de describir ninguna. Es todo tan intenso.

Siento como si todos los poros de mi piel se abrieran de golpe, a la vez, y como si mis vísceras se pelearan ahí dentro por salir una tras otra. Mi corazón está muy acelerado, como cuando tengo mucho miedo, pero me gusta esta sensación de abandono total a la providencia de la gravedad. Lo único que me preocupa en estos momentos es el terrible aterrizaje que me espera ahí abajo. Empiezo a sentir calor en los pies, eso quiere decir que me acerco a una superficie, sea terrestre o no. Si no ocurre algo pronto me voy a estrellar contra las rocas volcánicas que hay al final de este agujero. Prefiero un colchón de plumas. Esto es el fin, tanto luchar por escapar y no ser aniquilada por mis propios congéneres y me voy a romper como un huevo entre esas rocas, y justo ahora que empezaba a conocer mi nuevo propio cuerpo. Esto es el fin, es el fin,? Eh! ¿qué es esto? ¡Es una red, como la de los trapecistas!, hace un momento no estaba, ¿quién la ha puesto ahí? ¡Eh, tú!, ¿dónde vas corriendo?, ¿qué es ese ruido infernal? ¿por qué todo vibra? ¿qué está pasando aquí? ¿qué va a pasar conmigo? ¡Eh! ¡No te vayas!