[de cine] “El día de mañana”
||> txt :. el pececito de colores ||> dsñ:. Sergio Pacheco
La situación climática del planeta, con el incesante calentamiento global de los últimos años, ha llegado a un punto crítico. Una tormenta de dimensiones apocalípticas está a punto de barrer el planeta, precipitando el mundo a una nueva Edad del Hielo.
Desde los tiempos de la Antigua Grecia, que es todo lo lejos que podemos llegar, la tragedia ha fascinado a la audiencia, ya sea en anfiteatros, teatros inhabitables o salas de cine. Y desde que la tecnología lo permite, se ha abierto la puerta a historias de envergadura cada vez mayor hasta llegar a los tonos épicos caracterizados por repartos estelares de edificios en llamas, trenes sin control, aviones en situaciones desesperadas, barcos que se habrán de llevar al fondo del mar el amor de sus vidas, ciudades arrasadas por terribles incendios o terremotos, e incluso del fin de una civilización y hasta de toda la raza humana.
“San Francisco”, “Chicago”, “La Aventura del Poseidón”, “Titanic”, “Krakatoa”, “Aeropuerto”, “La Última Ola”, “Ultimátum a la Tierra”... El público, más que disfrutar, contempla sobrecogido las penurias de los protagonistas, compartiendo sus sufrimientos mientras sienten en lo más hondo de sí mismos el miedo a presenciar el fin del mundo, no necesariamente de forma absoluta sino tal como lo conocemos; una situación inexorable en la cual sólo unos pocos sobrevivirán y los que lo hagan, muy lejos de sentirse vencedores, habrán cambiado para siempre.
El cine de catástrofes, tan popular como ha sido en los cines y más tarde en las “Sesiones de Tarde” y los “Sábado Cine”, ha pasado por la habitual temporada de barbecho a la que todo género ha de sucumbir antes o después, y ahora vuelve, tras las apocalípticas “Deep Impact” y “Armageddon” que acompañaron la llegada del nuevo siglo, de la mano del director y co-guionista Roland Emmerich.
Como tiene a bien recordar la coletilla promocional del film, se trata de un espectáculo con el sello de garantía “del director de “Independence Day” ”, pero merece la pena mencionar que Roland Emmerich, junto a su hasta hace poco habitual partenaire Dean Devlin son también responsables de las imprescindibles “Soldado Universal”, con Jean Claude Van Damme y Dolph Lundgren, “Stargate”, con Kurt Russell y James Spader, “Godzilla”, con Matthew Broderick, Jean Reno, Hank Azaria y Maria Pitillo, e incomprensiblemente, de “El Patriota”, bio-epic ambientado en la guerra civil americana protagonizado por Mel Gibson, un siempre brillante intérprete y director que por desgracia anda últimamente no tan iluminado como deslumbrado.

Un interesante giro de “El Día de Mañana” frente a las superproducciones de acción del género está en que no hay solución desesperada que intentar. Sólo queda buscar un refugio imposible y tras la tormenta, intentar rescatar a quien haya quedado por el camino y comenzar de nuevo.
Peligrosamente, destaca en trailers y spots una espectacular escena con “última ola” que, si bien en este caso arrasa New York en vez de San Francisco, puede hacer que la gente la relacione, negativamente, con “Deep Impact”, película que usó el mismo reclamo y que al acabar no dejó a la inmensa mayoría de los espectadores otra sensación mas que la de haber sido engañados para asistir a las salas.

Las diferentes amenazas a las que se ha enfrentado la humanidad en sus sucesivas encarnaciones cinematográficas se podrían clasificar, como diría el maestro del Scope y del Suspense con mayúsculas, John Carpenter, en la amenaza exterior y la amenaza interior.
En el primer caso tenemos invasiones alienígenas, meteoritos o estrellas que habrán de impactar contra la Tierra -como en la inolvidable “Cuando los Mundos Chocan” de George Pal, que también firmaría “La Máquina del Tiempo”, en la cual se nos ofrecía un futuro imperfecto al que el protagonista llevaría las semillas de la redención-, mientras que en el segundo caso, el enemigo suele ser la propia naturaleza vuelta contra el hombre que descubre inevitablemente su impotencia ya sea ante erupciones volcánicas –en plena ciudad en “Volcano” o con una mucho menos espectacular premisa pero resultado inesperadamente (gracias a su predecesora) superior en la absorbente “Un Pueblo Llamado Dante’s Peak”, con Pierce Brosnan y Linda Hamilton- o ante el poder atómico desatado por imprudentes gobiernos y ejércitos que no se atañen sino a su naturaleza.
“El Día de Mañana” se diferencia de las superproducciones de antaño con un reparto mucho más reducido donde por renombre sólo destacan Dennis Quaid (“El Chip Prodigioso”, “Dragonheart”, “Frequency”) e Ian Holm (“Alien”, “El Quinto Elemento”, “El Señor de Los Anillos” de Peter Jackson). Eso sí, en un despliegue colosal, cuenta con todo lo que hemos visto en el cine de catástrofes, como no lo habíamos visto hasta ahora: tifones, huracanes, tornados, terremotos, inundaciones, el caos urbano producido por evacuaciones en masa a ninguna parte, “la gran ola” y una original gran tormenta de dimensiones planetarias.
Habrá quien piense que la historia está contada, y que la película sólo aportará efectos especiales más sofisticados y un mal guión. Después de todo, es “del director de “Independence Day” ”.
En su defensa les recordaré, aunque quizá lo escuchen por primera vez, que más importante que la historia, es cómo se cuenta. Sofisma.
Pueden no estar de acuerdo conmigo, en cuyo caso estoy seguro de que se retorcerán en sus sillas cuando lean el siguiente párrafo.
Es bien conocido que los motivos ocultos que mueven las tramas funcionan mejor cuanto más se desconoce de ellos –como en la mayoría de las obras de Alfred Hitchcock o en la igualmente catastrófica “Dawn Of The Dead (Amanecer de Los Muertos)”, reciente obra maestra que no circunstancialmente resulta ser un remake de la película de George A. Romero-, pero con la desesperadamente persistente moda de la pseudo-ciencia que pretende explicar todo lo que sucede con intención de dotarlas de un supuestamente necesario realismo, y hacerlas asequibles a las mentes más simples, en esta ocasión podemos estar seguros de que dedicarán más de una escena en explicarnos con pelos y señales las causas del brusco cambio climático y sus consecuencias.
E irónicamente la mayoría del público percibirá la amenaza del calentamiento global en “El Día de Mañana” como algo no solo mucho más cierto sino probable, en comparación con la fantástica y palomitera invasión alienígena de “Independence Day”.
Se prevé, agradablemente, un final “positivo”, por otra parte clásico del género, en el que ante la desolación, tras el aviso casi divino de un fin para todas las cosas, aparecerá un rayo de esperanza que no se cimienta sino en la necesidad de un nuevo comienzo y por tanto, en una nueva oportunidad de no cometer los mismos errores. Pero ya sabemos, gracias a “Jurassic Park”, heredera también del cine de catástrofes, que eso es fácil, que lo difícil cuando no inevitable es no cometer nuevos errores.

En plena temporada de verano y grandes estrenos, aunque la escala de “El Día de Mañana” es aparentemente mucho mayor a la de sus competidoras más cercanas, tiene un presupuesto mucho más moderado. De hecho, se queda cincuenta millones de dólares por debajo de “Van Helsing”, viniendo a costar poco más de la mitad del presupuesto de “Spider-Man 2” que, sin sonrojo ninguno, sobrepasa los doscientos millones de dólares.
Extrañamente, Roland Emmerich realiza la película sin contar con Dean Devlin, no solo en el guión sino ni siquiera en las tareas de producción, particularmente cuando se trata de una gigantesca historia de ciencia-ficción muy al estilo de la pareja.

Entre los futuros proyectos relacionados con Emmerich y Devlin, que también produjeron “Arac Attack!”, está “Independence Day 2”, que tras asegurar en un principio que no la harían, parecen haber encontrado una de esas ideas irresistibles y se encuentra oficiosamente encarrilada para dentro de un par de años, razón por la cual, quizá, Devlin haya estado ocupado.
Si bien se retiraron de “Godzilla 2” por diferencias creativas con el estudio, su escisión de las secuelas de “Stargate: Puerta a Las Estrellas”, no fue tan voluntaria. Planeada en secreto como la primera parte de una trilogía, resultó ser un éxito masivo de público inesperado para el estudio que nunca tuvo la menor confianza en la película. Sin embargo, a pesar de los buenos resultados, el estudio decidió que las dos secuelas no sólo no se harían sino que pensaban convertir la “franquicia” en una serie de televisión, “Stargate SG-1”. Cuando la serie, con Richard “McGyver” Dean Anderson en el papel de Kurt Russell, recientemente flojeó en los índices de audiencia, se pensó en cancelarla y se llegó a considerar la posibilidad de dar luz verde al resto de la trilogía de Emmerich y Devlin, con la que estaban sus enfervorecidos protagonistas originales, Kurt Russell y James Spader, a pesar de los años transcurridos. Finalmente, a pesar de una recogida de firmas organizada por Devlin y Emmerich a lo largo y ancho de Internet a favor de su trilogía, el estudio dio luz verde a una nueva temporada y quedó claro que cuando remataran la serie, de hacerse una película, sería una continuación de la serie para la cual contarían con los mismos actores que habían dado vida a los personajes durante ya más de siete temporadas.

El veintiocho de mayo se estrena en el mundo civilizado y susceptible de ser cataclismizado “El Día de Mañana”, oportunidad de volver a contemplar el fin de todo lo conocido sabiendo que mientras unos volverán a casa para achucharse, la mayoría la pondrá a caldo a base de argumentos que, traídos de casa, irán puliendo durante la proyección.
Me pregunto si son los mismos, o mismas, cuyas novias, o novios, van a ir a ver “Troya” por dos razones más que de costumbre: Brad Pitt, Orlando Bloom y Eric Bana.
En el horizonte queda aún lejos una prometedora “King Tut” que vuelve a ser, curiosamente y de momento, sólo de Emmerich. Gran misterio es éste.